
Gente, existe un tipo muy específico de juego que no termina cuando suben los créditos. Continúa. Sigue resonando, reorganizándose dentro de ti, reapareciendo en momentos aleatorios como un pensamiento que no fue invitado, pero tampoco se va.
No es exactamente miedo. Tampoco es tristeza pura. Es algo más — una mezcla de incomodidad, reflexión y, a veces, culpa. Son experiencias tan intensas que revivirlas no parece una buena idea. No porque sean malas, sino precisamente porque funcionan demasiado bien.
Abajo puedes continuar
leyendo el artículo
Lee también en nuestra red
